Iba a mandar una newsletter con algunas reflexiones sobre cambiar de trabajo a cualquier edad, sobre decidir dedicarte a algo artístico cuando has vivido media vida, descubrir tu verdadera pasión después de haber probado otras muchas. En vez de copiar aquí el borrador que tenía escrito, me ha salido escribir esto porque la tristeza y la rabia no me han dejado hacer nada más. Ya mandaré esa otra newsletter en algún otro momento, no sé.

A mi hijo le ha salido su primer lunar. Lo primero que pensé al verlo, en vez de “a él le ha salido en el pie izquierdo y a su hermana le salió en la espalda” ha sido: “y mientras, miles de madres y padres en Gaza nunca verán el primer lunar de sus hijos”. No puedo evitarlo. Mi cerebro me lleva constantemente allí. Me duele todo tanto. Me duele y me siento mal porque por lo menos tengo el lujo de seguir sintiendo rabia, de seguir sintiendo y seguir viviendo.

Siento repetirme. Siento ser tan aburrida. Sé que la vida sigue, pero el genocidio del pueblo palestino por parte de Israel también. ¿Cómo seguir con nuestra vida “normal” cuando estamos viendo los horrores que estamos viendo constantemente? A veces, mientras duermo a mi hijo o miro a mi hija pintar me pongo a llorar sin razón aparente; en realidad sobran las razones.

Cuando todo se me hace demasiado angustioso me planteo cómo sería mi vida sin ese sufrimiento, sin esa sensibilidad que me corta la respiración cuando veo una injusticia o el dolor de otros. No sé si querría esa vida, no sé si querría ser así a pesar del sufrimiento que me supone.

Cada noche, agotada, releo las noticias cada vez peores. Algún gesto positivo pero que de poco sirve, alguna prueba de que a algunos nos sigue quedando humanidad aunque a estas alturas me pregunto de qué sirve. Después me pongo algún programa que me adormezca el cerebro, que me haga olvidar todo lo que he leído y visto, que me permita “indignarme” porque unas amigas se han mentido en lugar de los miles de asesinados o porque hay quien sigue blanqueando a un estado genocida. Quiero borrar el horror por lo menos unas horas.

El 9 de junio son las elecciones al Parlamento Europeo —hasta el 30 de mayo, hoy si al final mando esta newsletter, puedes pedir el voto por correo—. También me pregunto de qué sirve votar. Aunque sí sé que los que siempre votan sin dudar, sin plantearse nada, son los que votan a quienes luego quieren acabar con esas mismas instituciones, a quienes piensan en su enriquecimiento a corto plazo y se olvidan del mundo que tengo que dejarle a mis pequeños, a quienes no creen que todos tengamos los mismo derechos, a quienes quieren una sociedad que entre en un solo molde (el suyo).

No sé muy bien si realmente sirve, pero votaré. Por intentar que tengan menos voz aquellos que apoyan el genocidio en Palestina1, negacionistas de la ciencia y el cambio climático, los que odian la libertad aunque se les llene la boca con ella.

Poco más. Necesitaba desahogarme y como me paso la mayor parte del día con personas menores de cuatro años no tengo mucha oportunidad. No sé si tiene sentido que escriba esto, que te lo mande a tu correo si lo mismo andas evitando pensar en ello. No sé si nada sirve de algo.

Si hoy o el mes que viene puedes, aquí te dejo el enlace para donar a UNRWA España.

Nos leemos.- María

Reply

Avatar

or to participate