Esta semana una jueza ha puesto fin a la tutela que impedía a Britney Spears hacer lo que quisiese con su vida. Si estas totalmente al día en el movimiento #FreeBritney, te puedes saltar este párrafo. Para el resto hago un pequeño resumen: hace 13 años, aludiendo a problemas mentales de Britney, sus padres y demás buitres de su equipo consiguieron que se le diese la custodia de la vida de Britney a su padre. Lo que significaba que Britney no podía hacer NADA sin el  permiso de su padre y este tenía control total sobre su vida, incluyendo poder para ponerle un DIU, por ejemplo. Britney no podía ni siquiera contratar un abogado para que la ayudase a salir de ese infierno. Tampoco podía acceder a su dinero, que su padre controlaba. Durante todo este tiempo ha seguido actuando y generando millones de los que ella no ha tocado ni un dólar, por supuesto.

Ronan Farrow y Jia Tolentino publicaron un artículo en The New Yorker sobre este tema explicando en qué consistía una conservatorship (la custodia bajo la que estaba Britney Spears) y aportando un porrón de datos que ayudan a entender cómo se llegó a la situación actual. No porque la situación se pueda llegar entender —es incomprensible que algo así haya estado ocurriendo durante 13 años sin que nadie le pusiese fin—, sino por hacerse una idea de cómo siguiendo una serie de desdichados acontecimientos, ciertas personas son capaces de aprovecharse del sistema. También viene muy bien para conocer la cantidad de dinero que ha estado generando Britney Spears todos estos años y lo que han estado ganando los que la rodean. Curiosamente, solo aquellas personas cercanas a Britney que NO se beneficiaban económicamente de ella son las que empatizaban con su situación y las que no entendían que siguiese estando bajo la tutela de su padre. El resto, los que viven de ella y su trabajo (por no llamarlo explotación) , parecían contentos con la situación. ¿Casualidad? Obvio que no.

Hace unos meses se estrenó el documental Framing Britney Spears, que hizo que este tema saltase a los medio generalistas, aunque era algo que llevaban denunciando sus fans desde hacía años. Al hilo del documental, The Cut publicó un artículo escrito por Tavi Gevinson que se me clavó muy dentro y al que a día de hoy sigo dando vueltas; la autora reflexiona sobre ciertas partes del documental y la imagen de Britney que se intenta transmitir, y de paso denuncia los abusos que sufrió cuando ella tenía 18 años.

Para poner un poco en contexto, Tavi Gevinson se hizo megafamosa con 12 años publicando un blog de moda y luego una revista hecha por y para adolescentes. Como ella cuenta en el artículo, eso la abrió las puertas de una sociedad adulta cuando ella no lo era, y esto resultó ser problemático aunque haya necesitado años para darse cuenta.

En el artículo, Tavi critica que el documental otorgue tanto poder de decisión sobre su imagen y carrera a una Britney de 16 años para enfatizar aún más la injusticia que supuso que se le quitase este poder:

“By suggesting she once had complete control, the documentary fuels the sense of injustice when that control is then taken away. The result is a documentary eager to characterize Spears’s early image as an expression of female power rather than the corporation-sanctioned sexualization of a 16-year-old.”

(He traducido lo mejor que he podido las partes del artículo que incluyo)

“Cuando sugiere que hubo un momento en el que tuvo control total, el documental exalta la sensación de injusticia cuando se le arrebata ese control. El resultado es un documental deseoso de caracterizar esa primera imagen de Britney como una expresión de poder femenino en lugar de la sexualización aprobada por la sociedad de una chica de 16 años.”

Porque como plantea un poco más adelante en el artículo, es básicamente imposible para Britney (y cualquier mujer y adolescente) entender su imagen y sexualidad sin tener en cuenta la influencia de la sociedad que la rodea, donde esta sexualidad es una moneda de cambio válida hasta que te haces vieja — alrededor de los 35 años aproximadamente—:

“Among all this trauma — Spears’s, mine, that of many women who grew up in the ’90s and early aughts — I can see why a viewer would find relief in concluding that Spears was always in complete control. But it is absurd to discuss her image from that time as though there was not an apparatus behind it, as though she existed in a vacuum where she was figuring out her sexuality on her own terms, rather than in an economy where young women’s sexuality is rapidly commodified until they are old enough to be discarded.”

“Entre todo este trauma, el de Spears, el mío, el de muchas mujeres que crecieron en los años 90 , puedo entender que un espectador encuentre alivio al concluir que Spears siempre tuvo el control total. Pero es absurdo hablar de su imagen en esa época como si no hubiese habido un aparato detrás de ella, como si existiera en un vacío donde estuviese descubriendo su sexualidad en sus propios términos, en lugar de en una economía donde la sexualidad de las mujeres jóvenes es rápidamente mercantilizada, hasta que tienen la edad suficiente para ser desechadas.”

Somos el resultado de una sociedad que nos bombardea desde que nacemos con una necesidad de ser atractivas PARA LOS HOMBRES (pero a la vez no pasarnos de “guarras”, ojo). Esto hace extremadamente difícil separar nuestro deseo real de uno impuesto, por no decir imposible.

Aún así, sigue siendo mejor pensar que comportarnos y vestirnos de cierta manera, resultar atractivas y sexys, es algo que queremos y quisimos cuando éramos unas adolescentes; una decisión totalmente consciente que además nos empoderaba. Y es que la otra opción puede llegar a ser aterradora: nuestros deseos no eran tan nuestros en realidad y nos hacían extremadamente vulnerables en la sociedad patriarcal en la que vivimos. Llevándolo al extremo nos encontraríamos con los abusos que Tavi sufrió con 18 años y que denuncia en el artículo de The Cut.

No me quiero poner en plan puritano y recomendar que las chicas vayan con cuello vuelto al colegio. Ni mucho menos. Quiero que, mientras terminamos con esta sociedad machista y patriarcal de mierda, las niñas y adolescentes sean conscientes de dónde vienen ciertas ideas que tienen totalmente asimiladas, ciertos deseos. Y que no dejen que nadie las manipule aprovechándose de ello. Que si quieren ir con escote hasta el ombligo lo hagan si así se sienten bellísimas, pero que no se sientan obligadas a hacerlo porque un baboso les dice que les queda bien. No quiero ningunear a las adolescentes y a la jóvenes, y lo mismo es solo cosa mía, pero he necesitado 35 años para sentirme feliz con mi cuerpo y superempoderada incluso con un jersey de cuello vuelto, sin necesidad de una validación externa.

Además, en esta sociedad y aún más en los años 90, se me hace difícil pensar que una chica de 16 años (o cualquier mujer) entienda su sexualidad sin una influencia marcada desde el patriarcado y la mirada masculina. Podemos disfrutarla y reapropiarnos de ella, pero creo que no debemos dejar de lado su origen, y la problemática que puede suponer para una niña de 14 años.

Quiero una sociedad que no normalice sexualizar a las niñas, ni señores babosos arrimándose a adolescentes por muy inmaduros que estos señores sean. Porque es más que posible que una chica de 15 años no sepa cuales son las intenciones reales de un tío de 30. Por muy maduras que la sociedad nos dice que somos a los 15 años.

Siguiendo con el artículo de The Cut, la autora lo explica perfectamente en este párrafo:

“If teen girls — or young women — are encountering adult men socially, they are navigating norms and expectations that were built to rationalize men’s behavior. They are not inured to power imbalances or how power may complicate consent. They are not historically taught to leave a sexual encounter the moment that it becomes violent or to subordinate men’s desires in favor of their own pleasure or safety.”

“Si las adolescentes —o las mujeres jóvenes— están encontrándose con hombres adultos socialmente, están navegando unas normas y expectativas que se construyeron para racionalizar el comportamiento de los hombres. No están acostumbradas a los desequilibrios de poder o cómo el poder puede complicar el consentimiento. Históricamente, no se les enseña a abandonar un encuentro sexual en el momento en que se vuelve violento ni a subordinar los deseos de los hombres en favor de su propio placer o seguridad ".

Si esto es algo que no se tiene del todo claro cuando eres más mayor, ¿cómo lo vas a saber siendo tan joven y más aún cuando te relacionas con alguien que te hace sentir inferior y fuera de lugar?

Un poco sobre esta línea va El consentimiento, libro que tengo pendientísimo. Vanessa Springora narra en este libro su “relación” con el escritor Gabriel Matzneff, cuando ella tiene 14 años y él...50. Muchos siguen sin tener ningún reparo en llamar a esto una relación consentida cuando para mí (y por suerte cada vez para más gente) es un abuso clarísimo.

La novela El funeral de Lolita, de Luna Miguel, también cuenta una historia similar, y creo que refleja perfectamente esa sensación de falso control que se puede llegar a tener en estas situaciones. 

Una serie brutal y escalofriante sobre el tema es The Tale. Recomiendo ver absolutamente todo lo que haga Laura Dern, pero con esta serie solo aviso que puede ser bastante intensa y dura, ya que es la historia (real) de una mujer que intenta entender el abuso sexual que sufrió cuando tenía 13 años.

En un descanso mientras escribía la newsletter me encontré de bruces con esta noticia en Twitter porque la realidad quería darme la razón: “El Supremo absuelve a dos condenados por abusos por su "simetría de edad y madurez" con la víctima de 13 años”.

“Los jueces de la sala de lo penal retiran a ambos las condenas de 10 años de cárcel que la Justicia valenciana les había impuesto por un delito de abuso sexual al entender que la menor tenía "una cierta experiencia en el ámbito de las relaciones sexuales" y que pudo existir una "simetría en cuanto a edad, desarrollo y madurez física y psicológica" entre ellos y la chica. Uno de ellos tenía en ese momento 20 años, el otro 19 y la adolescente acababa de cumplir los 13 años de edad.”

“Simetría en cuanto a madurez física y psicológica” hay que J O D E R S E. Ya ni la justicia nos ampara, porque incluso a sus ojos somos igual de maduras con 13 años —y en las mismas condiciones de poder (añado yo)— que dos tíos de 19 y 20.

Así en resumen: bien por Britney por recuperar su libertad y mal por esta sociedad de mierda que sigue con demasiados señores de mierda en posiciones de poder. Y como apunte extra: la justicia patriarcal NO es justicia.

Nos leemos.- María

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