“(...) en rigor, la vida es serie de aplazamientos, y sólo hay un desenlace definitivo, el último.”

Emilia Pardo Bazán, Los pazos de Ulloa.

Esto lo escribió Emilia Pardo Bazán en 18861, pero es mi vida misma. Una serie de aplazamientos continuos. Entiendo esa corriente actual que invita a no tener que identificarse con cada parte de un libro para disfrutarlo, y sinceramente poco tengo que ver con un sacerdote en un pazo gallego del siglo XIX, pero es imposible no sentir esa identificación. El otro día leía este artículo de The New Yorker y un poco interpelada me sentí también: Why can’t you finish anything?

Todo esto para introducir una newsletter que tenía pensada enviar en enero, que es cuando tiene sentido comentar los libros que quiero leer en el año que empieza en enero. Pero igual que esa manta que sigo tejiendo y que quería tener lista para el nacimiento de mi segundo hijo2 —que cumple tres años en tres semanas—, me ha costado encontrar tiempo para terminar esta carta. 

Aprovechando que empiezan a brotar las primeras hojas y flores y asomar la alergia, vamos a ello.

No suelo ponerme propósitos de año nuevo, pero al comenzar 2026 (hace ya tres meses) me propuse leer los libros que tengo en casa y que siguen sin leer. Son bastantes —porque los libros son mi regalo favorito, junto a cuadernos que guardar en un cajón hasta que encuentre la idea perfecta para usarlos— así que por ahora, y para dividir el objetivo en fases realizables3, he decidido empezar con los libros que me regalaron por mi cumpleaños y navidades, que son los últimos que han entrado en casa. Hasta entonces no puedo comprarme libros nuevos, aunque sí puedo ir de vez en cuando a la biblioteca si hay algo que me llama mucho (mucho, mucho). Va a ser difícil, y es un propósito abocado al fracaso como todos los propósitos de año nuevo, pero es mi propósito.

Aquí van sin orden alguno más que aquel en el que cayeron cuando les hice unas fotos.

Incensurable, de Luna Miguel.

Este ya lo he leído, y me ha gustado mucho. Es una novela en forma de conferencia que imparte la filósofa Lectrice Santos sobre el placer y la censura en 2029. A partir de la conferencia descubrimos más sobre su vida y su obsesión con una novela que ha desaparecido de todas las bibliotecas del mundo: Lolita, de Vladimir Nabokov. 

Me recordó a A Room of One's Own/Una habitación propia de Virginia Woolf, por ser en forma de conferencia y por su humor (no por la espiral de obsesión de Lectrice). Me ha resultado muy interesante y con reflexiones a las que todavía sigo dando vueltas.

Memorias de abajo, de Leonora Carrington.

También leído ya. Me resultó duro de leer a la vez que bellamente escrito. A veces se me hace difícil reconciliar que un libro que disfruto leyendo cuente algo cruel y doloroso. El libro es un relato autobiográfico del tiempo que Leonora Carrington pasó confinada en un sanatorio en Santander en 1940, después de llegar a España huyendo de los nazis. Un relato de su locura y también de las vejaciones que sufrió allí. 

Hace tres años me quedé con ganas de ver la exposición que hubo en Madrid de sus pinturas y ahora tengo aún más ganas4.

La amiga que me dejó, de Nuria Labari.

Reconozco que este libro me lo pedí solo por su título. Llevo años dando vueltas a un relato sobre una “ruptura” con una amiga durante la adolescencia que me dejó muy tocada. Y es un tema recurrente con amigas: lo que duelen esas rupturas y cómo no hay un duelo establecido para ellas. Es un tema del que estoy deseando leer, vamos.

Bread of Angels, de Patti Smith.

Me encanta leer a Patti Smith y me encanta como artista. Just Kids, la memoria que publicó en 2010, fue de lo único que me sacaba a ratos de la bruma negra de la depresión en la que estaba cuando lo leí. Creo que este es el siguiente que leeré, porque lo estoy deseando.

Instrucción de novicias, de Ana Garriga y Carmen Orbita (aka Las hijas de Felipe).

Este es un poco trampa porque me lo compré en febrero, pero me lo habría pedido en navidades si hubiese estado disponible. En un momento con tanta “polémica” o conversaciones alrededor de la religión y la “estética monjil” (por llamarlo de alguna manera), me niego a que me roben el regocijo de leer historias ahistoricistas sobre mujeres tan particulares del barroco. He dicho.

La hermana mejor, de Mariana Enriquez.

Desde que descubrí a Silvina Ocampo quiero leer todo lo que escribió. La promesa y Autobiografía de Irene son libros que sé que releeré en unos años. De Mariana Enriquez también tengo pendiente Nuestra parte de la noche y Las cosas que perdimos en el fuego. Era la mezcla perfecta, porque es una biografía escrita desde la admiración y con una prosa preciosa. Me gusta además que describe a una Silvina muy real, no un relato cegado por esa admiración. 

Ahora también tengo ganas de leer a su hermana, Victoria Ocampo. ¿Cómo puedo conseguir así mi propósito de 2026?

Libro de poemas, de Federico García Lorca.

Hace unos años empecé a leer más poesía sin sentirme intimidada por ella, disfrutándola incluso. Me costó. Empecé también a escribir poemillas. Ahora siempre que puedo, cojo algún libro de poemas, y siempre es buen momento para leer a García Lorca. La edición es bien bonita además.

Solo compro libros que quiero tener en casa para tener siempre a mano o pensando en lo que me gustará dejarles a mis peques en el futuro para que lean. Este cumple las dos.

Yo que nunca supe de los hombres, de Jacqueline Harpman.

La premisa es extremadamente interesante. Aquí la sinopsis de la contraportada:

“Cuarenta mujeres llevan encerradas en un sótano bajo tierra tantos años que han perdido toda noción del tiempo. Sus captores, silenciosos hombres uniformados, no les dirigen la palabra ni las tocan, excepto para asegurarse de que ninguna trate de quitarse la vida. Hasta que un día suena una alarma y los guardias desaparecen dejando tras de sí la puerta abierta. La más joven de todas ellas, la única que no recuerda el mundo antes de la catástrofe, lidera la huida. Pero, contra lo que anhelaban, lo que las mujeres encuentran en el exterior no es la libertad, sino una tierra baldía, extraña, donde deberán aprender a sobrevivir juntas.”

Llevaba bastante tiempo en mi lista de pendientes y fue un regalo inesperado, así vale como señal del universo para leerlo.

Corazón que ríe, corazón que llora, de Maryse Condé. 

No he leído nada de Maryse Condé y no la conocía mucho, reconozco con un poco de vergüenza. Pero eso es lo bueno de recibir libros como regalos, que te descubren autoras que no habías leído antes. Corazón que ríe, corazón que llora es su autobiografía, y con lo que a mí me gusta este género, creo que es la mejor manera de empezar a descubrir a esta autora (aunque sea tan tarde). Ya tengo más libros suyos en mi lista de próximas lecturas.

Cuando el mundo pesa, recurro a los libros, así que estos serán mi refugio en los próximos meses.

La naturaleza también es siempre refugio y he podido pasar unos días en la playa 💙

Nos leemos.
- María

1  Me leí Los pazos de Ulloa con mucha curiosidad, pero solo porque es un clásico, pero ahora estoy deseando leer la continuación, La madre naturaleza.

2  Mi objetivo ahora es terminarla como regalo para su tercer cumpleaños. Voy bastante avanzada, así que confío en ello.

3  Como persona a la que le cuesta terminar cosas y que se agobia cuando tiene mucho por hacer, me sé todas las técnicas que se supone que ayudan a terminar cosas y que no te agobie tener mucho por hacer. Que me funcionen es otra cosa.

4  Hay una exposición en París hasta julio. Ojalá poder irme un finde a París para ver esa exposición.

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