El comienzo de un nuevo año tiene por lo general un aire a nuevas oportunidades, a renovación. Algo un tanto impuesto, to be honest, porque a ver qué cambio real hay de un día para otro. Emma Gannon lo escribía en su newsletter hace unos días:  “On January 1st, we wake up as the same people, with the same issues, same outlook, same body, same mind.”. Que somos las mismas, vamos, solo que con unas horas más en el cuerpo. Pero eso no quita que se sienta como una oportunidad para hacer reset ni que yo sea fan máxima del cambio de año.

Es como cuando tienes un mal día y piensas “mañana será otro día”, pero esto a lo bestia: “mañana será otro año”. A veces nos puede poseer un optimismo desenfrenado e incluso podemos llegar a pensar que todo lo que ha ido mal durante un año puede solucionarse en el que entra por el simple hecho de que hemos cambiado de número en un sistema de medición del tiempo establecido hace unos 400 años. Digo que “nos” podemos llegar a engañar de esta manera pero en realidad estoy generalizando algo que hago yo en ocasiones, básicamente. De un año para otro no desaparecen las mierdecillas o mierdas gigantes de nuestra vida, pero lo que sí puede cambiar de un día para otro es la actitud con las que las miras. Que ya es algo. No se afronta igual algo que no va bien cuando llevas 12 horas dándole vueltas sin parar que con la mente un poco más despejada después de una noche de por medio (incluso si esta es regulera).

El año nuevo es como esa noche de desconexión. Nos da una oportunidad para parar y reflexionar, para tomar un poquito de aire. Y cuánta falta nos hace tomar aire en este mundo frenético. Es un buen momento para mirar el año que dejamos atrás y plantearnos qué queremos que mejore o se mantenga en el nuevo. Soñar es gratis, al fin y al cabo, y si el año pasado queríamos haber leído más, por qué no soñar que este año vamos a sacar por fin tiempo para leer los tropecientos libros que tenemos en nuestra lista. Yo este año, eso sí, lo voy a hacer con mesura y toda la objetividad posible, porque sé que ni voy a leer todos los libros en mi lista, ni que sacaré mínimo una hora al día para escribir cosas personales, ni que dedicaré todo el tiempo que querría a mis amistades, ni contestaré los mensajes de Whatsapp en el mismo día. Proponerme cambiar esto como propósitos de año nuevo solo puede llevarme al fracaso. Y mira, no necesito fracasos así autoimpuestos.

Además llevo ya unos años en los que no me marco propósitos al empezar un nuevo año. Prefiero pensar una frase o palabra que quiero que guíe mi año. Algo que haya echado en falta el anterior y de lo que quiera disfrutar más, o a lo que quiera prestarle más atención, o algo que me ha hecho disfrutar más de mi vida. Por ejemplo en los últimos años he usado “be present”, “(re)encontrarme”, “imperfect”, o “trust” como mis guías. Tengo esta idea presente durante todo el año y me ayuda a centrarme cuando mi mente empieza a perderse por laberintos angustiosos y gritar sin poder tomar una decisión clara.

La de este año no la tengo decidida porque normalmente la primera semana de enero tengo la suerte de poder tomármela de limbo vacacional entre años en el que me dejo llevar y tomar fuerzas. Pero tengo alguna idea. 

Así en general quiero pocas sorpresas, quiero tranquilidad y salud, que no es poco. Puede sonar un poco muermo, pero soy un poco muermo y además empiezo 2023 embarazada de seis meses, así que si consigo tener salud y tranquilidad me doy con un canto en los dientes. De todas formas siento que quiero hacer más concreto ese pensamiento, necesito tener mi “palabra guía”. No puedo evitar este momento de reflexión ni aunque quiera. Quizá debería centrarme en dejarme llevar, en aceptar lo que llegue e incluso “permitirme” perderme un poco en esos primeros meses con un bebé y una peque de casi tres años sin sentirme culpable por dejar el resto de lado. No sé. Todavía me quedan un par de días más de limbo.

Feliz año y por un 2023 repleto de lo quieras. 

Nos leemos.- María 

P.D.: Si eres de propósitos o te apetece cambiar algunos hábitos, esta newsletter de Rob Walker me ha gustado y tiene ideas chulas. De paso recomiendo suscribirse a su newsletter en general.

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