Hace cosa de un mes mi querida hija empezó a dormir de manera menos caótica y volví a tener ratos después de acostarla por la noche para ser persona más allá de madre y alimento. Se me ocurrió relajarme, pero el universo me recordó que no puedo bajar la guardia. Lo hizo en forma de viaje cancelado por un virus (no el maldito coronavirus, por lo menos), dientes nuevos, vacunas, más vacunas, cambios de horarios... se me están haciendo un poquito bola estas últimas semanas.
Con tantos desarrollos y emociones tengo poco tiempo para leer o ver series. Últimamente solo he visto el reality My Unorthodox Life (en Netflix), que como la veía mientras intentaba dormir a la peque me la acabé en una semana y no sé qué será de mi vida ahora que ya me he acabado los nueve capítulos de la primera temporada, y The White Lotus (en HBO), que solo he visto el primer capítulo y ya me da pena que vaya a acabar en algún momento. Es de esas series que no puedes ver así de pasada, de las que te absorben y requieren tu atención total, de esas con las que gritas (o “piensas gritando” si estás con un bebé durmiendo encima): ¡PERO CÓMO PUEDE SER TAN BUENA! Y ya. Eso es todo. De pascuas a ramos veo algún capítulo de Mythic Quest o Ted Lasso con mi marido, que son series absolutamente geniales y casi agradezco que no tengamos tiempo para verlas del tirón porque así las disfrutamos durante más tiempo. Quien no se consuela es porque no quiere.

En cuando a leer, normalmente me leo ocho libros a la vez, porque yo y mis ansias, pero últimamente estoy solo con Los años extraordinarios, de Rodrigo Cortés. Uno, porque el agotamiento me da para leerme un párrafo al día; y dos y no menos importante, porque no quiero leer nada más que la vida de Jaime Fanjul, protagonista de la novela. Es un surrealismo maravilloso que me tiene totalmente enganchada. No quiero que acabe nunca. Para cuando acabe, porque el final de un libro siempre termina llegando, estoy preparada y escucharé el audiolibro narrado por el propio Rodrigo Cortés, aunque en realidad no sé si estoy preparada para tantas horas seguidas con Cortés susurrándome al oído.
Como para series y leer tengo poco tiempo, los podcasts me entretienen bastante. El silencio es otra opción, pero no siempre quiero estar con mi mente a solas. Digo solo podcasts porque aunque me gusta también escuchar libros (especialmente si están narrados por Rodrigo Cortés), me gusta escucharlos en calma y tranquilidad, no haciendo otras cosas, y para esto no tengo tiempo. Vamos, que no me gusta cocinar escuchando un libro, pero sí un podcast, qué le vamos a hacer.
En cuanto a podcasts, las últimas semanas (meses to be honest) he estado obsesionada con Estirando el chicle1. Lo tenía apuntado porque soy fan máxima de lalachus —que es la mejor colaboradora que puede tener un podcast— pero no terminaba de ponerme nunca a escucharlo. Siempre ando con miles de episodios de podcasts pendientes (sin ser yo exagerada) y este no se me antojaba como uno al que colar en el primer puesto. Reconocer los errores es de sabios, dicen, y no seré yo quien lo contradiga. Para contrarrestar me escuché un capítulo tras otro sin parar hasta que me escuché las tres temporadas y me puse al día. Porque si me entrego a una obsesión, lo hago con ganas. Y es que siempre termino de escucharlo con una sonrisa en la cara y eso lo vale todo a estas alturas de la pandemia. Que a día de hoy siga habiendo seres que digan que las mujeres no saben hacer humor, además de triste, es señal inequívoca de que no se han parado a escuchar a las mujeres en general y a Victoria Martín y Carolina Iglesias en particular. Es que lo tiene todito el podcast, incluidos momentos de “no me puedo creer que se atreva a contar esto” ante la última anécdota sin filtro de Victoria y a la vez ponerme a pensar el equivalente en mi vida de esos momentos vergonzosos máximos, que los hay. Gracias a ellas estoy descubriendo y redescubriendo a otras mujeres maravillosas, así que poco más les puedo pedir.

Por mucho que me guste Estirando el chicle tengo momentos en los que no me pega escucharlo. Principalmente por la mañana. Me estoy despertando a las 6:oo am para tener algo de tiempo para hacer deporte mientras mi querida hija duerme y a estas horas no me sale la risa. The Daily me pega el que más, porque es el típico que escuchas por la mañana para tener una idea de todo lo que “you need to know today”, aunque yo lo escucho a toro pasado porque vivo seis horas en el futuro de New York y no le voy a pedir a Michael Barbaro grabar el programa con un día de antelación para mí.
También hay momentos en los que tengo que esperar a que salga el siguiente capítulo de Estirando el chicle porque esa es la maldición de haberme puesto al día. Hace unas semanas empecé con otro que recomendaron en The Daily: Day X. Es el podcast perfecto para amargarte el fin de semana y ser consciente de lo poco o nada que hemos aprendido de la historia y de la de seres despreciables que hay en el mundo. La parte de investigación periodística también está interesante 😬 Básicamente la investigación arranca con la detención de un militar alemán preparado para cometer un atentado y va tirando del hilo hasta llegar a una organización nada pequeña de señores de extrema derecha en Alemania decididos a imponer su manera de pensar a la fuerza —supongo que si son alemanes y hacen cosas de nazis, ¿se les puede llamar nazis? Pregunto que no quiero meterme yo en líos.
Para recuperarme de Day X, que es intensito, recurro al mítico Todopoderosos. Para ser cuatro señores hablando de señores, Arturo González Campos, Javier Cansado, Rodrigo Cortés y Juan Gómez-Jurado me caen muy bien. Este era nuestro podcast favorito para los viajes en coche porque el cine y el humor es algo que no puede faltar en nuestro matrimonio, pero desde que empezó la pandemia hemos viajado poco y ahora lo escucho yo sola. También me río yo sola y luego intento contarle las bromas a mi marido, pero hablar del jaco que era Dickens solo tiene gracia si lo cuenta Javier Cansado; eso es así y he terminado por asumirlo. La lista de películas que tengo pendientes por culpa de este podcast es literalmente interminable.
Además de la investigación periodística, el cine y el humor, también me gustan los crímenes y la historia. Y si viene así todo junto mucho mejor. Así que Noble Blood tenía que ser otro de mis favoritos. Como el propio título indica, se centran en la sangre (derramada) de la nobleza, porque vaya dramas se monta la realeza y los que les rodean. La serie de capítulos que dedicó a las mujeres de Enrique VIII y el de Marie Antoinette, me resultaron especialmente interesantes.
Y por cerrar con otro de mis podcasts favoritos: You're Wrong About. Lo empecé a escuchar por una serie de capítulos que hicieron sobre Diana de Gales y quedé completamente enganchada. En cada capítulo Mike y Sarah revisan un personaje o acontecimiento del que se tiene una idea generalizada que suele ser equivocada. Y de paso le dan vueltas a la razón de cómo y por qué se ha formado esa idea. Interesante y divertido, es que va directo a mis imprescindibles.
Entre podcast y podcast estoy escuchando últimamente mucho a Taylor Swift:
Y tengo en bucle Don’t Go Yet de Camila Cabello:
Espero que el verano esté siendo tan entretenido que no haya tiempo ni para podcasts. Yo mientras tanto estoy cuidando Madrid y sobreviviendo gracias a la Summer Edition:
Nos leemos.- María
