The mindset where a woman’s first thought about herself or any other woman is weight and appearance (…)”
The mindset where the first words out of a woman's mouth to another woman is nine times out of ten about how she looks. What else might we talk about? Revolution?1
Esta cita con la que empiezo así de sopetón es del libro Hysterical, de Elissa Bassist. El libro es mitad ensayo, mitad memoria. Empieza reflexionando sobre los dos años que se pasó la autora visitando médicos para intentar averiguar la causa de sus dolores crónicos, pero también trata sobre la voz de las mujeres en nuestra cultura, o como hay a quienes todavía les molesta que tengamos una voz.

El libro da para mucho, y en principio en esta newsletter iba a centrarme en otro capítulo, pero este párrafo lleva dándome vueltas desde hace días. Porque esto de centrarnos en el físico de otras mujeres así de primeras es algo sobre lo que llevo reflexionando ya un tiempo y el otro día al escuchar este fragmento (estoy escuchando el audiolibro) tuve un aha moment sobre el tema. Ahora que tengo una hija, veo más cláramente de dónde vienen muchas mierdas que tenemos grabadas a fuego en el cerebro —o le doy muchas más vueltas a las cosas, si eso era posible—, y esta no ha sido menos.
No he hecho un estudio pormenorizado, pero diría que el 98% de las veces que alguien se dirije a mi hija de dos años lo primero que sale de su boca es “¡pero qué guapa!”. Cuando tenía alrededor de un año una mujer le dijo “es que eres un pibón”. Yo soy muy de exagerar pero juro que usó el término “pibón”. A un bebé de un año. No dije nada porque a día de hoy sigo en shock.
No creo que haya nada inherentemente malo en decirle a una niña o niño que son guapos. El problema, para mí, viene cuando es lo primero que se le dice a todas las niñas de manera repetitiva. Espero que se haya notado que en la segunda frase solo he usado “niñas”, porque esa es otra. No veo que esto se dé en la misma medida con niños. Parece que es más fácil hablar con ellos de otros temas, por muy banales que sean. ¿Cómo no vamos a centrarnos en el aspecto físico de otras mujeres si es lo que resaltan de nosotras desde que nacemos?
Yo personalmente, tengo que hacer un esfuerzo consciente para no empezar todas mis conversaciones con mujeres con un comentario sobre su físico porque si no, me sale de manera natural. Y sí, hago ese esfuerzo porque me he dado cuenta de que hay conversaciones en las que un simple “¿qué tal?” llega después de un buen rato comentando el físico, y mira, me niego. Porque no sabemos cómo se siente la otra persona al respecto, para empezar. Y porque sinceramente, hay millones de otras cosas en las que centrarnos y creo que merece la pena hablar de ellas. No todas tienen que ser tan intensas como las que propone Elissa Bassist y hablar de la revolución constantemente puede ser agotador, pero será por temas.
Esto no quita que haya momentos en los que necesites un poco de valoración externa —porque al fin y al cabo somos resultado de la sociedad en la que vivimos— y sienta puede sentar bien que alguien se fije en lo bien que te ha quedado el maquillaje, o lo luminosa que tienes la piel desde que te lavas la cara dos veces al día y te das protector solar a diario, pero en general, la atención que se presta a nuestra imagen es algo agotador. Y más a la de las mujeres.
No sé, yo hay días en los que soy extremadamente feliz y lo soy en chándal y con ojeras. Otros días en cambio lo soy después de dos horas planchándome el pelo y buscando el vestido perfecto. Sinceramente los días de chándal y ojeras no me veo “guapa”, pero es que me da igual. Porque estoy a gusto y feliz y es lo que quiero. Depender de lo “guapas” que nos sintamos o nos vean puede ser una auténtica mierda porque llegan momentos en los que ni dos horas de maquillaje y peluquería valen para llegar a los estándares que se nos marcan y que terminamos interiorizando.
Y como todo esto empieza desde bien pronto, igual estamos a tiempo de ahorrárselo a generaciones futuras. Así que si no se nos ocurre qué decirle a los más peques, pues no les hablemos. Porque para centrarnos únicamente en su físico o preguntarles si tienen novio (otro tema al que darle unas vueltas) pues mejor no preguntarles nada. Que además ellos son expertos en aguantar miradas incómodas.
Y si tampoco sabemos hablar con otras personas adultas de nada más allá de su aspecto físico pero nos vemos obligados a entablar una conversación —los adultos no llevan tan bien lo de las miradas incómodas—, aquí dejo algunas frases para romper el hielo:
Se ha quedado un buen día.
Con estos cambios de temperatura ando de catarro en catarro.
Hace mucho que no nos vemos, ¿qué tal todo?
¿Te apetece ir a quemar unos contenedores a la Puerta del Sol (más específicamente la puerta de la Real Casa de Correos)?
¿Has empezado a ver Daisy Jones & The Six?
¿Has probado algún restaurante nuevo que me recomiendes?
¿Cómo llevas la ansiedad climática?
¿Fanta naranja o Fanta limón?
¿Sigue existiendo la Fanta?
¿Has escuchado el último de Las hijas de Felipe?
Ya me cuentas qué tal. Puedes añadir más opciones en comentarios para que nunca nos falten recursos en un mundo en el que no siempre tengamos que arrancar una conversación con un “¡pero qué guapa!”.
Y para que tengas temas adicionales que comentar, te dejo algunos de los últimos libros que he leído últimamente/estoy leyendo, que hablar de libros siempre da para rato.
Nos leemos.- María
