Llevo intentando escribir esta newsletter un mes. Tengo otras tres empezadas, una de ellas casi terminada. Y aun así no tenía claro cuál de ellas publicar o si publicaría alguna siquiera.
No porque escribir una newsletter sea un ejercicio extremadamente complicado. Requiere su tiempo y su esfuerzo, obviamente, pero va saliendo. Mi bloqueo era diferente. En parte estaba provocado por un nubarrón de apatía que llevo encima estas semanas y que por ahora me acompaña; no me apetece escribir, no me apetece hacer fotos, no me apetece bailar. Es un nubarrón feo pero por ahora se queda en nubarrón. Confío en que pasará, como todo en esta vida.
En parte también me preguntaba si tenía sentido escribirla, así de simple. Porque se me hacía banal venir aquí a contar las series que me airean las neuronas cuando el mundo está como está. En cosa de un mes y pico en Madrid hemos tenido a nazis “manifestándose” a sus anchas con el beneplácito de la Delegación del Gobierno de Madrid y la Policía; en Afganistán los talibanes han vuelto al poder con todo el horror que supone y ahí siguen aunque ya haya pasado más de una semana y no salga en las noticias; el último informe del IPCC nos dice que ya no nos queda apenas tiempo si queremos que la tierra siga siendo habitable para el ser humano y otros animales no humanos; un volcán (un VOLCÁN) ha entrado en erupción en La Palma dejando sin hogar ni trabajo a miles de personas; Isabel Díaz Ayuso sigue existiendo... paro, pero te haces una idea.
Tengo el don de la hipersensibilidad, que puede ser algo muy bonito pero también muy doloroso. Y todas estas noticias me duelen y agobian. El mundo se me hace un lugar hostil y a veces no sé para qué contar lo que se me pasa por la cabeza.
Al final me he sentado a escribir en un momento en el que ese nubarrón del que hablaba antes ha dejado pasar un rayito de sol. Porque supongo que a pesar de todos los horrores, la vida sigue y lo mismo si comparto lo que me hace un poquito feliz, consiga darme cuenta de que no todo es negro. De que a pesar de preocuparme por lo que ocurre a mi alrededor también me merezco ratitos de fascinación como cuando veo LuLaRich, una serie documental de cuatro capítulos sobre LuLaRoe —una marca de ropa o una estafa piramidal (según a quién preguntes)— que engañó a miles de mujeres en EEUU y que fue creada por unos personajazos máximos.
O cuando veo la tercera temporada de Sex Education y solo puedo pensar que menuda maravilla de serie, de personajes, de vestuario, de banda sonora, de todo... de rato de refugio. O Nine Perfect Strangers, que no deja de sorprenderme en cada capítulo y no sé hacia dónde va y eso me encanta y me estoy dejando llevar si intentar “averiguar” nada sobre ella y qué gusto.

Pues eso, que por aquí seguiré, contando mis distracciones por si alguien anda sin ideas de qué ver o leer a continuación. El empujón me lo ha dado un poco These fevered days, una especie de biografía de Emily Dickinson centrada en 10 momentos importantes de su vida. Aparte de conocer un poco más sobre la vida de la escritora y su familia, me ha dado ganas de escribir, que es algo que me pasa siempre que leo un libro que me gusta, especialmente si es sobre la vida de una escritora o escritor. Poesía no me voy a poner a escribir, porque ya descubrí que no es lo mío y lo acepté. Pero me ha vuelto a entrar el gusanillo de escribir ficción después de mucho tiempo y esta newsletter, aunque no es ficción, me obliga a mantener el hábito de juntar palabras con sentido, que no es poco. La ficción por ahora la escribo para mí y a veces para mí pobre marido al que obligo a darme una opinión sincera pero no muy sincera si no me va a gustar. Con eso me vale y lo mismo un día encuentro el valor para compartirla.
Y de Dickinson a YouTube y tiro porque me toca. Hace poco llegué al canal de YouTube de Andrea Compton. Ya sé que llego tarde —como siempre con temas de YouTube—, pero me ha terminado de enganchar con los líos que se trae en VillaCrush, una partida a Los Sims en la que mezcla personajes de varias series y pelis. Maravilla máxima. Hace un tiempo me puse a jugar a Los Sims y quise hacer algo así, pero me agobié mucho porque mantener feliz y sano a un Sim me lo tomo muy en serio y requiere esfuerzo, así que estoy disfrutando mucho viendo cómo alguien que no soy yo se agobia por el bienestar de su Sim. También llevo meses viendo a Emma Chamberlain conduciendo por LA, comprando comida y bebiendo café y aquí te lo dejo por si tú también andas tan fatal como yo y necesitas una nueva obsesión.
Por último, la banda sonora de las últimas semanas. No puedo parar de escucharla ni quiero:
Aunque esta semana de vez en cuando he salido de ese bucle para escuchar:
Nos leemos.- María
