Hace unos días andaba pensando qué libro empezar a leer después de In cold blood y decidí que quería algo “facilito” después de la angustia que había pasado a ratos con el de Truman Capote. Como era de esperar, después de empezar un par de libros, tuve que sucumbir ante la turbia realidad de que quería seguir leyendo sobre asesinatos reales porque no tengo remedio; y me acordé de I’ll be gone in the dark. Luego soy una cagueta (Jumanji es una película de terror para mí) y tengo que dejar de leer en mitad de un párrafo y darme un día para recuperarme, pero siempre termino volviendo al true crime.
Llevaría unos tres años con el libro I’ll be gone in the dark en mi lista de pendientes. Estuve a punto de comprarlo justo cuando se publicó, en una visita a la librería de mi barrio en San Francisco, pero ya llevaba cuatro libros en mis manos y decidí dejarlo para la próxima compra. Hasta ahora. Desde hace tres años. Porque cuando voy a una librería termino comprando los libros que me recomiendan ese mismo día y se me olvida mirar mi lista de pendientes —que puedes cotillear junto a los libros que voy leyendo en mi goodreads—.
Al ponerme a escribir esta newsletter me plantee de dónde vendría esta obsesión con libros, documentales y podcasts de true crime, pero me quedé tranquila porque después de mucho reflexionar—la verdad, no sé cómo no me lo había planteado antes— caí en la cuenta de que lo que a mí realmente me fascina de este tema no son los detalles escabrosos, si no la investigación del caso; especialmente cuando la realiza alguien no profesional, ya sean periodistas o señoras con mucho tiempo libre y acceso a internet. Por eso era fan de Se ha escrito un crimen, por ejemplo, y por eso me está gustando tanto este libro, que está escrito por una escritora que se dedicaba a investigar casos sin resolver: Michelle McNamara.
Michelle tenía un blog en el que escribía sobre estos casos. El más famoso y el que más le obsesionó fue el del Golden State Killer, nombre que ella misma dio a este asesino y violador en serie que parecía haberse esfumado en los años 80 dejando más de cincuenta víctimas en California. Igual decir esto suena tétrico por el objeto de la obsesión, pero quiero ser como Michelle y conseguir escribir una mezcla de memoir y novela de no-ficción que se lea así de fácil, que dé infinidad de detalles que te permita recrear la escena del crimen al milímetro y además hacerlo sin aburrir; quiero revisar documentos y páginas de internet hasta descubrir un detalle que se le haya escapado a todo el que ha investigado el caso y lanzarme a desarrollar una teoría que encaje...
Michelle McNamara nunca llegó a ver su libro publicado. Falleció en 2016 de una “sobredosis accidental”. Al parecer, antes de irse a dormir le dijo a su marido (el actor Patton Oswalt) “creo que me he tomado mal la medicación y me va a sentar mal” —esta historia se la cuento siempre a mi marido cuando le aviso de que me he tomado un yogur de soja caducado y se ríe de mí —. El libro no estaba terminado, pero su marido terminó de darle forma y lo publicó en 2018. Su publicación hizo que se reabriera el caso y no sé si es muy spoiler decir que ayudó a que se descubriese quién era el Golden State Killer, porque esto es un poco como decir que Bruce Willis está muerto en El sexto sentido, que igual si no lo sabes te mereces que te lo cuenten que ya toca.
A modo de curiosidad, Patton Oswalt apareció en la cuarta temporada de Veronica Mars que produjo Hulu en 2019 —regalo del cielo para fans nostálgicos 🙋♀️—. Patton hace de un repartidor de pizzas que forma parte de un grupo de peculiares personajes que se dedican a investigar crímenes en sus ratos libres. Cuando estaba viendo esta temporada de Veronica Mars ya me sabía la historia de Michelle y me pareció cuanto menos curioso este papel, que es un poco/claramente un guiño al hobby de su difunta esposa.
Hay documental del caso en HBO, pero yo todavía no lo he visto porque antes tengo que acabarme el libro. En próxima entregas repasaré algunos de mis documentales y series documentales favoritas de true crime, que si lo pongo todo en una newsletter no acabo, así que lo mismo lo he visto para entonces. He de reconocer que estoy tardando más de lo esperado en leerlo porque, como comentaba antes, soy una cagueta y voy leyendo de poco a poco.
Un ejemplo: estaba hace unos días leyendo a las diez y pico de la noche (esto es como las dos de la madrugada para mí) mientras daba de comer a mi querida hija en la oscuridad de la habitación y leo esto:
He guessed the guy was suppressing an urge to inflict more pain; until he was caught, the urge would grow.
It did. [Aquí debería haber dejado de leer, pero obviamente me pudo la curiosidad 🙀] The suspect began clicking scissors next to blindfolded victims’ ears, threatening to cut off toes, one for each time they moved. He stabbed the bed next to where they lay. Psychological torment stoked him. “You don’t know me, do you?” he whispered to one victim, using her name. “It was too long ago for you, isn’t it? It’s been a long time. But I know you.” He would always let them believe he’d left their house, then, just as their bodies would slacken, their numb fingers inching for their ligatures, he’s shock them with a sudden noise or movement” [holaquétal en este punto escuché un ruido debajo de la cama y a día de hoy no sé cómo no se me cortó la leche].
Igual es que yo tengo una imaginación muy viva, pero tardé en superarlo. Así que leyendo cada dos días y a ratitos de 15 minutos lo mismo nunca llego a ver el documental. Además, más que documentales (y mira que yo soy mucho de documentales), lo que disfruto bastante últimamente por aquello de escuchar a amateurs investigando un caso y pasándoselo pipa son dos podcasts: True Crime & Cocktails y Crime Junkie.
True Crime & Cocktails lo he descubierto hace un par de meses y queda feo decirlo teniendo en cuenta que hablan de asesinatos, pero me río mucho con estas dos mujeres. Ellas también se parten de risa, así que me siento como si estuviese tomando un café con dos amigas que están igual de mal que yo y a las que les encanta repasar investigaciones sobre asesinatos.

Crime Junkie me encantaba escucharlo en el coche, especialmente de noche porque, de nuevo, soy una contradicción andante y paso ratos malísimos con Stranger Things, pero me relaja escuchar historias sobre crímenes sin resolver por carreteras solitarias de noche. Desde que la pandemia ha reducido bastante mis desplazamientos no lo escucho tanto porque por alguna razón fuera del coche no me siento tan segura. Y aquí no hay risas que valgan, que en este se lo toman muy en serio. Además me gusta la dinámica que tienen —que es bastante común en los últimos podcasts que estoy descubriendo y me parece que funciona muy bien— en la que una de las dos no tiene ni idea del caso y la otra le explica con todo detalle su investigación.
Gracias a estos podcasts me atrevería a decir que podría cometer el asesinato perfecto, que no sé si es algo de lo que alardear. También me atrevo a decir que igual debería hablarse más del hecho de que tantos hombres blancos cis con complejo de inferioridad sean asesinos en serie, pero este es un melón que igual ya abro otro día.
Para despedirme, dejo caer que ya se ha estrenado la tercera y última película de To All the Boys en Netflix: To All the Boys: Always and Forever. Si no has visto las anteriores películas de la trilogía, no se me ocurre mejor plan que hacerte un maratón; si ya has visto las anteriores, imagino que ya te habrás puesto al día —o a lo mejor sigues a medias porque, como yo, solo sacas para ver quince minutos seguidos—. ¿Tiene esto algo que ver con true crime?, obviamente NO. Pero yo no controlo el calendario de estrenos de Netflix y termino de escribir esta newsletter con el cerebro descansado después de un ratito en la vida de Lara Jean.
Nos leemos.-María
He enlazado opciones para comprar los libros en todostuslibros.com, donde puedes encontrar opciones para comprarlos en librerías independientes. No voy a demonizar a Amazon (el kindle me da la vida), pero desde hace tiempo intento comprar todos los libros físicos en librerías independientes porque creo que son grandes impulsoras de la lectura y crean comunidades maravillosas alrededor de ella. Una de mis favoritas es Tipos Infames, que era una parada habitual en mis paseos prepandemia por Madrid que incluían peli en los Cines Ideal + comida en Pizzi & Dixie o Vega + café en Hanso o Bianchi Kiosko Caffé. Es de esas librerías de las que sales con cuatro libros recomendados y ninguno de la lista de pendientes.
