Nota rápida añadida antes de mandar esta carta para comentar lo emocionante que fue vivir el eclipse solar ayer 🥲 Llorar de emoción por cualquier cosa es mi superpoder y ayer por supuesto lloré cuando se hizo de noche cuando debería ser todavía de día. No tengo claro por qué sentí tanto, pero imagino que vivir un evento tan extraño que nos hace romper nuestra rutina junto al resto de la naturaleza tiene algo de conmovedor. Ahora sí, te dejo con mi carta 😊

Vuelvo de pasar ocho días en Asturias y la vuelta está siendo dura. Ocho días en los que he hecho muchas cosas, pero en los que no he sido nada productiva. Esta contradicción es completamente posible.

Mis días, con un par de excepciones, han consistido en:

Despertarme (antes de lo que me habría gustado) con el sonido de mis peques cuchicheando en voz alta a las 7:30 de la mañana porque todavía no se habían hecho al horario de verano.

Preparar desayunos y tomarme un café en el pradito mientras hacía pasatiempos en el Cuaderno de verano de Blackie Books1. A veces olía a eucalipto y verde, a veces a caca de vaca literal, pero nada podía hacer que no desayunase viendo las montañas.

Confirmar el horario de mareas de nuestra playa favorita. La bajamar pasó desde las 11:30 hasta las 17:50 en la semana que estuvimos allí, y cada día planeábamos ir a la playa un rato antes de esa hora para aprovechar el máximo espacio posible de playa. Nuestra playa favorita tiene mucho espacio para corretear durante la bajamar, pero puede llegar a desaparecer con la pleamar, así que tampoco queríamos jugárnosla.

Hacer comida, leer en el pradito, jugar a la pelota con los peques, jugar al UNO y al cinquillo con la mayor.

Ir a la playa. Jugar a las palas con F. hasta que no podíamos movernos del sitio por el cansancio mientras los peques construían piscinas en la orilla e investigaban entre las rocas. Bañarnos entre peces en agua fresquita. Correr por la orilla jugando con las olas. Pasear por la orilla por los caminos que la bajamar despejaba. Sentarme un rato en la toalla a no hacer nada.

Comer y jugar de nuevo al UNO o al cinquillo. Leer.

Hacer algún plan fuera de la playa (no muchos). Un día fuimos a ver faros y a un parque. No pueden faltar los parques cuando eres madre. Descubrimos un restaurante con seis platos veganos (El Faro de Ortiguera) que, además, está al lado de un parque—lo tiene todo—. Otro día paseamos por el pueblo. Conocimos a una vecina y nos dejó entrar a su casa y ver sus gallinas, gallos, patos y gatos. Yo tengo pánico a los animales con pico y todavía no sé cómo sobreviví. 

Cenar y acostar a los peques.

Ver series o leer. He vuelto a empezar con Friday Night Lights porque por qué no. Me vi dos episodios al día. Eso para mí ahora mismo, que veo dos capítulos a la semana, puede considerarse binge-watching. Seguir leyendo. Estoy leyendo Interview with the Vampire —este va a ser mi estado por un tiempo porque es larguísimo— y me tocaron pasajes terroríficos de los que sigo recuperándome—soy una miedica—.

En mis planes estaba escribir y hacer fotos. Me llevé el ordenador, aunque acepté que no podría usar la cámara y la dejé en casa (para que mi marido diga que me paso con el equipaje). No he escrito nada más allá de la lista de la compra e ideas sueltas en el móvil. Tampoco me ha apetecido más, aunque notaba ideas bullendo en la cabeza3. Ahora tengo muchas cosas que escribir. No tengo capacidad de escribir tantas cosas como quiero al ritmo que quiero. Supongo que bien, al fin y al cabo.

He hecho muchas fotos con el móvil pero siempre con prisas. Luego paso tiempo editándolas, recortándolas, centrándolas... recordando lo bien que lo pasé mientras las hacía y qué bonito era todo.

Mi marido me hizo mi foto preferida del viaje. Planteando usarla de foto de perfil en LinkedIn.

Mujer desesperada intentando que su marido le haga una foto decente.

En fin, solo quería dejar constancia del gusto que da entregarse al descanso, a la falta de productividad tal y como se entiende en nuestra sociedad. Y del privilegio que es poder hacerlo. De hacer cosas por disfrutar, perdiendo el tiempo. Como no es algo que disfrute constantemente, me aferro muy fuerte muy fuerte a cuando sí puedo. Y me dejo guiar por las mareas.

Últimamente he estado escuchando muchos podcasts y los dejo por aquí por si andas buscando recomendaciones.

La memoria en ruinas. Un podcast muy interesante sobre el patrimonio español y su conservación (o falta de ella). Una reflexión necesaria sobre qué hace que un lugar deba ser protegido y su valor para una sociedad.

Catástrofe ultravioleta. Un podcast sobre ciencia muy entretenido. Si tú también acumulas datos interesantes que parecen no tener mucha utilidad pero que luego puedes usar haciendo crucigramas, seguro que te gusta. Es para socias de eldiario.es, pero tiene bastantes episodios pasados en Spotify.

Sapiens. Otro podcast sobre ciencia, este más filosófico. Paula Aller entrevista a personas muy inteligentes que explican muy bien las cosas. Termino cada episodio con más recomendaciones de lecturas de las que puedo asumir y demasiadas preguntas existenciales, pero merece la pena. Lo descubrí a partir de Sapiensantes, la versión para peques, de la que también somos superfans en casa.

Carne Cruda. Soy “productora”/socia desde hace años, así que lo recomiendo en general, pero de los últimos meses me han gustado especialmente uno que dedicaron a la Edad Media y las ideas erróneas que tenemos sobre esta época y el que hicieron sobre la “Reconquista”. Los dos con Puto Mikel, que siempre cuenta la historia con un punto de vista muy interesante.

Espero que estéis disfrutando de vuestro verano2 y tengáis ratos de no hacer nada.

Nos leemos.
- María

1  Soy muy fan de estos cuadernos. Los empecé a comprar cuando dejé de usar Instagram y mi cerebro es feliz. También recomiendo Murdoku.

2  Sigue quedando verano a pesar de los emails de “vuelta al cole” y “ya está aquí la ropa de otoño”. En serio, qué pereza.

3  ¿Cuándo no tengo ideas bullendo en la cabeza?

No me olvido de Palestina. Ojalá poder dejar de añadir este recordatorio en todas mis newsletters porque Israel no continuase su genocidio ni atacando a países vecinos; porque ya no asesinase a periodistas para que no quede quien lo cuente. Ojalá no necesitar estos recordatorios.

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